"NUNCA SE TRATA DE NOSOTROS... SINO DE ÉL EN NOSOTROS."
Jueces 7:2 NBLA
“Y el Señor dijo a Gedeón: «El pueblo que está contigo es demasiado
numeroso para que Yo entregue a Madián en sus manos; no sea que Israel se
vuelva orgulloso, y diga: “Mi propia fortaleza me ha librado”».”
Escoger un solo versículo que resuma o exprese el espectacular equipo que
hicieron Dios y Gedeón es realmente difícil, pues toda la historia de este juez
de Israel, también conocido como Jerobaal, es apasionante de principio a fin.
Gedeón era un hombre con muchos complejos de inferioridad, lleno de
temores, dudas y con una fe bastante débil. Sin embargo, a su lado estaba el
Dios Todopoderoso, el Dios que no miró sus debilidades como un impedimento,
sino que más bien se enfocó en su obediencia y en el temor que tenía hacia Él.
¿Dejó Dios a Gedeón tal y como lo encontró? Por supuesto que no. Pues, en
medio de lo que parecían ser pruebas absurdas que Gedeón le colocó, Dios fue
muy paciente y respondió a cada una de sus solicitudes con el fin de fortalecer
su fe. Ese es Dios: Aquel que toma al débil, al menospreciado, al temeroso, al
imperfecto, al dependiente, al pobre en espíritu… en fin, a todo aquel que no
confía en su propia fuerza, sino que reconoce que sin Dios a su lado es
imposible. Aquel que dice: “Si Tú no vas conmigo, entonces yo no voy”.
Gedeón empezó su travesía con 32.000 hombres de guerra y, sin dudar ni un
segundo, en obediencia a Dios, se quedó con tan solo 300 hombres. ¡Wow, qué
cambio tan increíble!
¿O sea que ya no había temor en su vida y había vencido todas sus dudas?
No, por supuesto que no.
La Palabra no nos habla de todas sus oraciones, ni tampoco nos permite
ver completamente lo que había en su corazón en ese momento, pero lo cierto es
que aun allí Dios le dice:
“Pero si tienes temor de descender, baja al campamento enemigo con tu
criado Fura, y oirás lo que dicen. Entonces tus manos serán fortalecidas…”
(Jueces 7:10-11a NBLA)
¿Ves? Gedeón quizá seguía teniendo temores y dudas, pero ahora era un
hombre que iba hacia adelante, o como dice una hermana de la iglesia: “¡De
cabeza y sin casco!”
Ahora conocía al Dios de lo imposible, escuchaba Su voz y se dejaba guiar
por Aquel en quien estaba su victoria.
Iglesia, si no has leído esta historia, te la recomiendo de principio a
fin. Tenemos mucho que aprender de este hombre, pero también del Dios que nos
llama a confiar en Él, a depender de Sus planes y que nos fortalece en medio de
nuestras debilidades.
Dios no escoge a los perfectos, pero a los que escoge, los perfecciona
cada día hasta terminar la obra que un día comenzó.
Esos somos tú y yo, amada iglesia.
Compartido por Jonathan Díaz
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