Abril 19 de 2026 - NUNCA SE TRATA DE NOSOTROS... SINO DE ÉL EN NOSOTROS."


 

"NUNCA SE TRATA DE NOSOTROS... SINO DE ÉL EN NOSOTROS."

 

Jueces 7:2 NBLA

“Y el Señor dijo a Gedeón: «El pueblo que está contigo es demasiado numeroso para que Yo entregue a Madián en sus manos; no sea que Israel se vuelva orgulloso, y diga: “Mi propia fortaleza me ha librado”».”

 Escoger un solo versículo que resuma o exprese el espectacular equipo que hicieron Dios y Gedeón es realmente difícil, pues toda la historia de este juez de Israel, también conocido como Jerobaal, es apasionante de principio a fin.

 Gedeón era un hombre con muchos complejos de inferioridad, lleno de temores, dudas y con una fe bastante débil. Sin embargo, a su lado estaba el Dios Todopoderoso, el Dios que no miró sus debilidades como un impedimento, sino que más bien se enfocó en su obediencia y en el temor que tenía hacia Él.

 ¿Dejó Dios a Gedeón tal y como lo encontró? Por supuesto que no. Pues, en medio de lo que parecían ser pruebas absurdas que Gedeón le colocó, Dios fue muy paciente y respondió a cada una de sus solicitudes con el fin de fortalecer su fe. Ese es Dios: Aquel que toma al débil, al menospreciado, al temeroso, al imperfecto, al dependiente, al pobre en espíritu… en fin, a todo aquel que no confía en su propia fuerza, sino que reconoce que sin Dios a su lado es imposible. Aquel que dice: “Si Tú no vas conmigo, entonces yo no voy”.

 Gedeón empezó su travesía con 32.000 hombres de guerra y, sin dudar ni un segundo, en obediencia a Dios, se quedó con tan solo 300 hombres. ¡Wow, qué cambio tan increíble!

 ¿O sea que ya no había temor en su vida y había vencido todas sus dudas?

 No, por supuesto que no.

 La Palabra no nos habla de todas sus oraciones, ni tampoco nos permite ver completamente lo que había en su corazón en ese momento, pero lo cierto es que aun allí Dios le dice:

 “Pero si tienes temor de descender, baja al campamento enemigo con tu criado Fura, y oirás lo que dicen. Entonces tus manos serán fortalecidas…” (Jueces 7:10-11a NBLA)

¿Ves? Gedeón quizá seguía teniendo temores y dudas, pero ahora era un hombre que iba hacia adelante, o como dice una hermana de la iglesia: “¡De cabeza y sin casco!”

 Ahora conocía al Dios de lo imposible, escuchaba Su voz y se dejaba guiar por Aquel en quien estaba su victoria.

 Iglesia, si no has leído esta historia, te la recomiendo de principio a fin. Tenemos mucho que aprender de este hombre, pero también del Dios que nos llama a confiar en Él, a depender de Sus planes y que nos fortalece en medio de nuestras debilidades.

 Dios no escoge a los perfectos, pero a los que escoge, los perfecciona cada día hasta terminar la obra que un día comenzó.

 Esos somos tú y yo, amada iglesia.

 

Compartido por Jonathan Díaz


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